La Dieta Mediterránea es quizá el modelo alimentario más saludable del planeta, hecho corroborado por numerosos estudios epidemiológicos y experimentales de nutrición que muestran que los países del Mediterráneo gozan unas tasas de morbilidad por enfermedades crónicas más bajas y una esperanza de vida más elevada. Uno de los ejemplos que corrobora este hecho es un estudio epidemiológico prospectivo a gran escala llevado a cabo en Grecia en el que participaron 22.043 adultos. Según constatan sus resultados, en una escala del “grado de adherencia a la dieta mediterránea” de 10 puntos (0 siendo el mínimo y 9 el máximo), existe una asociación directa entre el grado de adherencia a la dieta mediterránea al principio del estudio y la mortalidad total durante el período de seguimiento. Por cada incremento de 2 puntos en la escala, los investigadores observaron que se producía una reducción del 25% en la tasa de mortalidad.
La dieta mediterránea, que en realidad es el conjunto de las distintas dietas mediterráneas agrupadas por una filosofía de vida afín y propia de sus gentes, se caracteriza por las siguientes características. Estas dietas aportan escasas cantidades de ácidos grasos saturados y grandes cantidades de carbohidratos y fibra, y tienen un alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados que proceden principalmente del aceite de oliva y de antioxidantes.
La alimentación mediterránea típica o tradicional representa una forma de consumir una combinación equilibrada, variada y completa de alimentos, ingeridos por personas de una cultura y personalidad determinadas, en un área geográfica precisa, con aromas característicos y tonalidades luminosas naturales y que goza de un privilegiado clima propio.
Entre sus características básicas o componentes, están:
1. Consumo abundante de alimentos de origen vegetal, incluyendo frutas y verduras, patatas, cereales, pan, legumbres, hortalizas, frutos secos y semillas.
2. Preferencia de una cierta variedad de alimentos mínimamente procesados y, en la medida de lo posible, frescos, de temporada y cultivados localmente.
3. Empleo del aceite de oliva como fuente de grasa principal, reemplazando a otros aceites y grasas como, por ejemplo, la mantequilla o la margarina.
4. Aporte total de grasa en la dieta del 25-40% de energía, con menos del 7-8% de grasa saturada.
5. Consumo diario de queso y yogur.
6. Consumo de fruta fresca como postre diario, y limitación de la ingesta de pasteles y dulces a unas pocas veces por semana.
7. Consumo semanal de cantidades entre bajas y moderadas de pescado, marisco y aves de corral y hasta cuatro o cinco huevos por semana.
8. Consumo de carnes rojas pocas veces por semana, en raciones pequeñas como ingredientes de platos.
9. Utilización de ajo, cebolla, hierbas y especias como condimentos
10. Práctica de actividad física regular de manera que se favorezca la adopción de un peso corporal adecuado, una forma saludable y una sensación psicofísica de bienestar.
11. Consumo de vino, normalmente acompañando a las comidas.
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